• Noticia: Hoy, el INEGI publicó el dato de ventas minoristas correspondiente al mes de febrero de 2026, el cuál mostró una variación de 3.2% a tasa anual; con cifras ajustadas por estacionalidad, exhibió una variación mensual de -0.9%.
  • Relevante: El crecimiento interanual se mantiene en una racha ininterrumpida de 14 lecturas positivas. En su dinámica mensual, el indicador se mostró en terreno negativo, aún con un consumo discrecional que se muestra fuerte, compensando la debilidad en alimentos y abarrotes.
  • Implicación: El consumo privado doméstico podría seguir resiliente, pero enfrenta riesgos de corto plazo por la debilidad de las remesas, el repunte inflacionario ligado al aumento en materias primas energéticas y otros productos, y bajo dinamismo en el empleo.

La racha positiva comienza a atenuarse

En febrero, las ventas minoristas crecieron 3.2% anual con cifras desestacionalizadas, desacelerándose frente al 4.7% del mes previo aún sosteniendo una racha de 14 lecturas positivas, lo que confirma la resiliencia del consumo. Es importante destacar que la comparativa interanual todavía es favorecida por una baja base. A tasa mensual, sin embargo, el indicador retrocedió 0.9%, hilando su segundo mes consecutivo con variación negativa (creció 1.0% en enero, entonces devolvió buena parte del avance de enero).

Del análisis por categorías, algunos segmentos específicos del consumo discrecional todavía exhiben variaciones anuales de doble dígito pese a moderarse varios casos. Particularmente, resaltamos las compras en línea, artículos de esparcimiento, y la ropa, bisutería y accesorios. Unos componentes referidos al consumo básico mostraron debilidad, como abarrotes y alimentos, mientras que las tiendas de autoservicio se mantuvieron resilientes. Desde la perspectiva de la variación mensual, se sugiere en esta observación un enfriamiento más generalizado, con caídas tanto en componentes de consumo básico como en varios rubros discrecionales.

La actividad comercial mantiene cierta resiliencia; sin embargo, comienza a mostrar señales de desaceleración y un deterioro gradual conforme la base de comparación se normaliza. Al inicio del año, las condiciones para el consumo no fueron óptimas. En particular, las remesas en moneda nacional se contrajeron 16.0% a/a, la inflación repuntó a 4.02% a/a en febrero, y la confianza del consumidor mostró un deterioro parcial.  No obstante, el crecimiento de la masa salarial —impulsado por incrementos salariales— y una generación de empleo formal que se aceleró frente al mes previo (+1.2% a/a en los puestos registrados ante el IMSS) aportaron cierto soporte al consumo.

Gráfica 1. Índice de ventas minoristas (2018 = 100)*

 

 

 

 

 

 

*Cifras ajustadas por estacionalidad.

Fuente: GFB×+ / INEGI.

Inflación: La piedra en el zapato del consumidor en estos meses

El consumo privado podría mantenerse resiliente; no obstante, el panorama luce más retador en el corto plazo.

Por un lado, está la debilidad de las remesas en pesos, por un contexto de tipo de cambio apreciado, y políticas migratorias agresivas y bajo dinamismo en las nóminas en los EE. UU. A ello, se suma el repunte inflacionario en energéticos (y, eventualmente, en otros bienes) ante disrupciones en las cadenas globales de suministro de energía por conflictos geopolíticos, lo que restringe el poder de compra de las familias mexicanas. Asimismo, la generación de empleo difícilmente se acelerará hasta que la incertidumbre no se disipe y ello permita una reactivación en la inversión.

Para el verano, asumimos que los eventos deportivos induzcan una expansión en el consumo de ciertos servicios, así como una generación de empleo adicional, si bien muchos de estos temporales.